Despertar la curiosidad por la innovación, mostrar cómo es un laboratorio a los más pequeños y sembrar la semilla de la vocación científica desde edades tempranas es el objetivo principal del ‘Día de las Familias’ de CTC. Una jornada pensada para dar a conocer el centro y su actividad a quienes forman parte del entorno más cercano del equipo. Los espacios de trabajo se transformaron en escenarios de juego, experimentación y descubrimiento a través de actividades participativas, juegos y demostraciones adaptadas a todos los públicos. Una jornada diseñada para disfrutar e inspirar a partes iguales.

Más de una veintena de niños y jóvenes de hasta 16 años participaron en este evento, para el que cada área de especialización planteó una serie de experimentos. De este modo, pudieron comprender a qué se dedican sus referentes más cercanos. Algo que, cuando se trabaja con nanomateriales, algoritmos, biochar o señales GNSS, no siempre es fácil explicar con palabras.

El área de Navegación y Robótica de CTC suscitó una enorme curiosidad gracias a un simulador de combates Pokémon y un tres en raya manejado con un robot permitió entender de forma sencilla cómo interactúan las máquinas y cómo se programan sus movimientos. La demostración con la cámara hiperespectral ofreció una experiencia diferente y muy llamativa de objetos cotidianos como huevos o piedras vistos bajo visión infrarroja.

Desde Materiales Avanzados y Nanomateriales, la propuesta se centró en experimentar con la ciencia de forma práctica y visual. A través de una lámpara de lava casera, un volcán de espuma o varias bolitas mágicas que aumentaban de tamaño al absorber agua, los más pequeños pudieron descubrir conceptos científicos básicos como las reacciones químicas, la absorción de materiales o los cambios de estado. Además, un experimento sencillo con agua y talco mostró cómo echando los polvos encima de la superficie líquida y metiendo un dedo, éste no se moja, algo que no ocurre si antes se embadurna con jabón líquido. Pequeños detalles que cambian por completo el comportamiento de los materiales y que despertaron el asombro de los que, por unas horas, se pusieron la bata de investigadores.
El área de Industria y Energía ofreció propuestas interactivas que unieron juego, tecnología y concienciación. El ‘Juego del Bocal’ permitió sensibilizar sobre el cuidado del mar a través de un videojuego controlado con movimientos de cabeza, en el que los participantes ayudaban a un delfín a recoger residuos antes de que llegaran al océano. El clásico juego de pulso, en el que hay que pasar una anilla por un circuito de metal sin tocarlo, puso a prueba la destreza y la concentración. Por último, una propuesta relacionada con Electromet explicó de forma lúdica cómo es posible obtener combustible renovable a partir de residuos. En este caso, se diseñó una competición en la que, quien más C02 recogiera, más combustible generaría para la carrera de motos final.

La sonrisa en los rostros de niños y adultos evidenció la satisfacción de poder experimentar en los laboratorios de CTC y descubrir en qué consiste el día a día de los investigadores de manera didáctica y divertida. Experimentos, juegos y pequeñas pruebas científicas despertaron la curiosidad de niños y jóvenes que en el medio plazo tendrán que elegir su carrera profesional. Quizá dentro de unos años algunos de ellos vuelvan a estos mismos laboratorios, esta vez como científicos de pleno derecho, recordando con entusiasmo sus primeras aventuras entre tubos de ensayo, robots y microscopios.