La transición energética exige procesos capaces de descarbonizar a la vez la energía y los materiales porque gran parte de las emisiones no dependen solo de cómo se produce la electricidad, sino también de cómo se extrae y cómo se sustituyen materias primas en toda la cadena de valor. El modelo lineal de “tomar, fabricar, usar y desechar” es insostenible y la economía circular se presenta como un modelo clave para reducir la presión sobre los recursos, alcanzar la neutralidad climática en 2050 y hacer Europa más resiliente y competitiva.
En esa misma línea, CTC trabaja en soluciones que conectan ambas palancas: energía y materiales avanzados. En su intervención “CO2 como materia prima para combustibles y minerales de alto valor”, José Manuel Vadillo expuso diversas alternativas para que el dióxido de carbono deje de ser un residuo para convertirse en una materia de valor añadido para la energía y la industria. El gestor de I+D de CTC aprovechó su participación en el congreso IENER 2026 para presentar dos líneas de trabajo complementarias que producen metano renovable a partir de CO2 y transforman ese mismo carbono en materiales con valor añadido.

En la primera vía, el proyecto ELECTROMET, que coordina el único centro tecnológico de Cantabria, estudia la electro-reducción del CO2 para convertirlo directamente en metano renovable a temperatura ambiente. Un proceso que emplea electricidad y catalizadores avanzados para impulsar la reacción química de forma selectiva y eficiente.
Los ensayos con biogás real apuntan a un aumento del 30% en la producción de metano. Se trata de un avance relevante porque, además de recuperar energía, la tecnología contribuye a descarbonizar el ciclo del biogás y a aprovechar mejor una corriente que ya está presente en muchos procesos industriales y de valorización energética.

La segunda vía aborda la valorización del CO2 desde la perspectiva de los materiales: captura el gas y lo hace reaccionar con subproductos alcalinos para obtener carbonatos de calcio y magnesio aptos para morteros y eco-áridos. Dicho de manera sencilla, el CO2 queda “fijado” en un sólido estable y pasa a formar parte de productos para la construcción. Un proceso que sustituye los áridos naturales y genera un material con huella negativa, es decir, capaz de aportar un beneficio climático adicional
Para cuantificar el beneficio climático de ambas rutas, Vadillo presentó también una herramienta de cálculo de créditos de carbono basada en metodología LCA e ISO 14064, diseñada para traducir la operación real de estos procesos en beneficios climáticos verificables. El software diseñado por CTC convierte variables como el flujo de CO2 tratado, el rendimiento del proceso y el destino final del producto en una cuantificación útil para registro en mercados voluntarios.