La colaboración entre centros tecnológicos y empresas industriales es fundamental para impulsar la competitividad del tejido productivo y acelerar la llegada de nuevas soluciones al mercado. Este modelo de cooperación permite, sobre todo a las pymes, acceder a conocimientos y recursos de alto nivel sin necesidad de desarrollarlos internamente. Un modelo de éxito que, según el último informe elaborado por FEDIT, ha ayudado a más de 29.000 empresas española durante el año pasado.
Este planteamiento fue el eje central de la intervención de Beatriz Sancristóbal, directora general del Centro Tecnológico CTC, en la jornada ‘Innovar para Transformar: el futuro se construye con I+D+i’, organizada por el Colegio de Economistas de Cantabria.
Sancristóbal defendió el papel de los centros tecnológicos como aliados estratégicos de la industria y de las pymes. No en vano, ponen a su disposición recursos, conocimiento y acompañamiento para que las compañías puedan definir, validar y desplegar soluciones innovadoras con una elevada tasa de éxito. “Debemos ser vistos y reconocidos como ese socio de confianza que permite a las PYMES probar, aprender y crecer en entornos cada vez más competitivos”, subrayó. Al mismo tiempo, los centros tecnológicos encuentran en esta relación un campo de aplicación directa para sus desarrollos y garantizan que la investigación se traduzca en impactos tangibles en la economía real.

Asimismo, advirtió de la creciente rapidez con la que se suceden los avances en el entorno industrial. “Los cambios cada vez son más rápidos y los plazos para poder asimilarlos e implantarlos son cada vez más cortos”. Frente a esta realidad, insistió en la necesidad de “apoyarse en actores especializados como los centros tecnológicos, cuya misión es precisamente reducir las barreras de entrada a la innovación”.
“La innovación no debe identificarse únicamente con proyectos de gran envergadura, sino con un proceso continuo, flexible y escalonado”. Así, la directora general de CTC defendió la conveniencia de diseñar proyectos con fases e hitos intermedios que faciliten la evaluación temprana de resultados y permitan reformular objetivos o descartar iniciativas, reduciendo así riesgos e incertidumbres.

Sancristóbal también puso el acento en la cultura innovadora dentro de las organizaciones y animó a fomentar entornos en los que los equipos puedan proponer mejoras y ensayar nuevas ideas, incluso a través de pilotos de pequeña escala. Estas experiencias, aunque modestas, pueden generar impactos significativos y convertirse en la base de transformaciones mayores. En este proceso, los centros tecnológicos actúan como catalizadores, aportando experiencia y apoyo metodológico.
Bajo la moderación de Paloma Lanza León, profesora de Economía de la Universidad de Cantabria, la mesa de debate en la que intervino Beatriz Sancristóbal contó con la participación de otros ponentes de referencia, que aportaron distintas visiones sobre la relación entre innovación, economía y empresa. Luis Nieto, director de Innovación de Cantabria Labs, Mónica San José, cofundadora de Retail EScool, y Vicente Pacheco, director de I+D+i de Ascensores IMEM, coincidieron con la representante de CTC en que la innovación trasciende el ámbito económico y genera también beneficios sociales y medioambientales, favoreciendo soluciones sostenibles adaptadas a los desafíos actuales.