17/09/2025

Del CERN a CTC. Experiencia internacional de alto nivel al servicio de las empresas industriales

Nuestra trayectoria profesional nos ha llevado a vivir experiencias muy distintas, pero el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) dejó una huella imborrable en nuestra forma de trabajar y de entender la innovación. Haber formado parte de este centro internacional de referencia supuso un reto técnico y personal que hoy sigue inspirando nuestro día a día en el en el área de Navegación y Robótica del Centro Tecnológico CTC. El ADN CERN forma parte de nuestra manera de entender el trabajo y ahora intentamos aplicar todo ese conocimiento en el día a día del único centro tecnológico de Cantabria.

Acceder al CERN no es un proceso sencillo. Este organismo abre convocatorias periódicas a las que se puede aplicar tanto a través de universidades como de manera individual. La selección depende de la adecuación del perfil, las necesidades concretas de los departamentos y una polítics de equilibrio entre nacionalidades. En nuestro caso, nos presentamos como ‘trainees’, una de las categorías más habituales para jóvenes profesionales, y fuimos seleccionados para estancias de seis meses.

Para nosotros supuso una oportunidad extraordinaria. Trabajamos en un entorno multicultural, junto a profesionales de altísimo nivel y en proyectos directamente vinculados con los mayores experimentos de física de partículas del mundo. Uno de los aprendizajes más valiosos que nos llevamos del CERN es la manera de desarrollar software. Procesos similares a los que aplica CTC, en los que había que enfrentarse a problemas para los que no existía solución y encontrar la mejor alternativa.

Aunque con funciones distintas, ambos pertenecíamos al área de Mecatrónica. A diferencia de lo que muchos podrían pensar, el departamento de robótica del CERN no se dedica a proyectos propios, sino que presta servicio a otras áreas. Eso lo convierte en un entorno muy dinámico, donde los proyectos se adaptan a necesidades cambiantes y los equipos trabajan con desarrollos de vanguardia, al tiempo que conviven con una fuerte rotación de personal.

El nivel de estandarización con el que se trabaja allí es un modelo de referencia para entidades científicas. Debido a la alta rotación de personal, todo estaba meticulosamente organizado en base a una metodología homogénea que permitía que cualquier persona pudiera incorporarse sin fricciones. Esta cultura de trabajo genera tranquilidad y mucho orden, ya que todo el equipo trabaja bajo los mismos estándares y están perfectamente definidos los pasos a seguir desde que comienzas un proyecto hasta la entrega de resultados. En ese sentido, estamos tratando de replicar el mismo sistema en el departamento de Robótica de CTC para incrementar nuestra eficiencia organizativa y facilitar los futuros procesos de incorporación de nuevos investigadores.

Si miramos la otra cara de la moneda, hay aspectos del trabajo que realizamos en CTC que podrían enriquecer la manera en que se aborda la robótica en el CERN. Por ejemplo, el uso del deep learning. En nuestro departamento apenas se utilizaba IA por una cuestión de política interna que daba prioridad a tecnologías más tradicionales debido, sobre todo, a razones de seguridad.  Muchos robots operaban en entornos con materiales radiactivos y cualquier error de la inteligencia artificial podía implicar costes enormes o riesgos de seguridad. Por eso se privilegiaban soluciones basadas en control clásico o en técnicas tradicionales de computer vision. Asimismo, el entrenamiento de modelos de deep learning requiere gran poder de cómputo, tiempo y perfiles especializados. Algo difícil de sostener en un entorno con alta rotación de personal y contratos de corta duración.

Sin embargo, en CTC hemos comprobado que el deep learning ofrece enormes ventajas en aplicaciones de robótica, especialmente en percepción, navegación y detección de anomalías. Ante el avance y evolución de este tipo de tecnologías y su aporte incuestionable al campo de la robótica, el quid de la cuestión es determinar cuánto tiempo puede mantener esa política de actuación el CERN y si finalmente adoptará este tipo de tecnologías.

En definitiva, trabajar en el CERN fue una oportunidad de sumergirnos en un ecosistema donde convergen ciencia, ingeniería y colaboración internacional. Hoy, desde CTC, seguimos aplicando lo aprendido en aquella etapa. La rigurosidad, la importancia de la organización y la búsqueda constante de soluciones innovadoras son pilares que trajimos de Ginebra y que ahora ponemos al servicio de la industria. Lo mejor de este cambio es que ahora tenemos la oportunidad de aplicar esas enseñanzas a proyectos reales que impactan directamente en la competitividad de las empresas, y eso es muy reconfortante.

Mario González – Jefe de Proyectos en CTC
Pedro de Martino – Tecnólogo de CTC